
El incendio en el Centro Histórico de Chihuahua dejó al descubierto una grave omisión que bien pudo convertirse en una tragedia mayor: los hidrantes instalados en la zona no estaban conectados a la red de la Junta Municipal de Agua.

Ahora, el Gobierno Municipal sale a aclarar que esta desconexión viene desde las remodelaciones realizadas entre 2010 y 2013, y que, por razones desconocidas, en aquel entonces se decidió no enlazar los hidrantes a la red de agua. En otras palabras, por más de una década, la ciudad ha contado con infraestructura de emergencia que en realidad es inútil.

Lo preocupante no es solo la falta de previsión, sino el hecho de que nadie en los sucesivos gobiernos municipales detectó este problema a tiempo. Fue necesario que un incendio pusiera en riesgo a miles de personas y generara una crisis operativa para el Heroico Cuerpo de Bomberos, quienes, pese a la carencia de agua en los hidrantes, lograron controlar la situación con pipas y otros medios alternativos.

El municipio ahora promete una solución “a la brevedad” mediante un planteamiento al Fideicomiso del Centro Histórico para trabajar en conjunto con la JMAS y subsanar esta omisión. Pero ¿por qué esperar a que ocurriera un desastre para atender el problema?
El comunicado oficial agradece la comprensión de la ciudadanía, pero la realidad es que lo ocurrido deja una gran interrogante: ¿cuántos otros problemas están latentes en la infraestructura de la ciudad, esperando a que una crisis los exponga?